Se abre la puerta, entro y me siento en la silla frente al escritorio y frente al Señor.
- Preséntese - dice sin mirarme.
- Soy, solía ser, una persona, hasta tenía nombre. Supongo que en algún momento, también tuve edad.
- Cuénteme algo más, ¿para qué quiere el puesto?
- Mi hijo es adicto a Internet, se lo detectaron en sangre. Se quiso tirar del techo, pero no lo encontró, ya no tenemos. Mi hija tiene los cachetes por el piso de tan estirados que están, parecen las orejas de un efelante. Ayer estuvo toda la tarde expandiendo y vaciando sus pulmones para destruir paredes. Mi perro es alérgico al agua de lluvia, y como mi cuñado hizo llover toda la noche, para pintar de verde el pasto de su jardín, ahora lo tengo en cama. Quiso la matrimonial, para poder ver alguna película, así que ahí está, con el termómetro en la boca. Nada está bien.
- ¿Y? - dijo queriendo llenar el silencio.
- Quiero el puesto... Necesito el puesto para... - me largo a llorar inconteniblemente- Perdón, es que me cuesta confesarlo. Necesito el puesto, para poder comprar la aguja en la que introducir, por el ojo, el hilo. Con el hilo tengo que zurcir la sábana, que está tendida en la cama. En la matrimonial, en la que se encuentra mi perro, enfermo, mirando una película en una caja de cartón. La caja tiene un clavo, que se enganchó con la sábana y provocó el orificio que, si obtengo el puesto y me alcanza para comprar la aguja y pasar por ella el hilo, tengo que zurcir. Y lo tengo que zurcir, porque la hija de una garrapata, que hace poco se mudó a mi perro, el que está en cama porque es alérgico al agua de lluvia y ayer llovió, me envió, por correo certificado, una carta documento intimándome a que solucionara el bache a la brevedad, o me las tendría que ver con su pulga abogado, que hace tiempo se peleó con mi hijo, porque éste había subido a su página de internet una foto de mi perro en la que se veía al abogado desnudo.
- Tome - me interrumpió una voz sin ojos.
Extendí mi mano y pronto percibí sobre ella una aguja. Mis ojos se cristalizaron. Me levanté de lo que antes había sido una silla, ahora un bote, y mirando hacia la puerta renuncié.
- Supongo que la pulga tramitará mi indemnización.
El Señor me vio irme, sin siquiera dirigirme la mirada.
APW/S
