Por donde decidió ingresar Pablinesko, fue la decisión correcta. La selva cayó a sus pies. En un principio y con volumen bajo, los monos tocaban el sicus de manera sincronizada y a veces temible, sembrando onomatopeyas con sus lenguas, lo cual atemorizaba aún más el camino.
El mar se escuchaba a lo lejos; la luz, la salida estaba cerca. O por lo menos eso era lo que quería creer.
De pronto todo se dimensiona aún más. Con un murmullo no muy encantador, los leones empleaban el bajo, corcheas azules y grises, y los elefantes déle que déle con los sintetizadores. El mar ya no era mar, eran aves que con sus chillidos, desglozaban su pelo pero ni lo rozaban. Solo sombras y ruido, mucho tráfico dando vueltas por el cielo.
De un instante a otro, todos estos animales, se sumergieron en la tierra, por el paso de unos violines. Su familia, estaba allí de nuevo.
4.22.2009
Trilogía del recuerdo y la familia: Capítulo 1: "Elefantes Tocando el Sintetizador."
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El chico pasó volando y se le cayó un adoquín.
Sus ojos obturan una imagen telescópica. Gira, autos, calle. Las estrellas se matizan. Traspasan energía. Crece, energía, el de al lado se hace más fuerte, se desprende. Gira.
Con la mano, no, un sorbo. Suben, en parejas. Globos de aire.
Espejo brillante, brilla y refleja, refleja constante.
Y la ventana, cuenta cuánto salió su traje.
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"A La Naturaleza se la domina obedeciéndola"
Francis Bacon
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