Inmóvil, sumergida en el agua, reposaba sobre el blando y movedizo barro del fondo.
Miraba sin observar y me concentraba en sentir, sólo eso, sentir…
La boca era la última parte de mi cuerpo sumergida, de ahí para arriba, el resto sobresalía de la superficie.
Cuando mi cuerpo se estabilizó, los mosquitos que me zumbaban, dejaron de posarse en mí, como si me hubieran aceptado como algo más del ambiente.
Sentía la corriente de derecha a izquierda, que me movía levemente como a cualquier junco.
Debajo del agua sentía su densidad, sentía los peces pasar, rozarme, sin intimidarse con mi presencia.
Podía ver al ras de la superficie las burbujitas que a su paso dejaban las mojarras.
Cuando una ola tapaba la totalidad de mi cuerpo, escuchaba el ruido del motor de la lancha o barco que lo había producido.
Mi tranquilidad, concentración y paciencia me convertían en un verdadero elemento más de la naturaleza. Podía escucharla, podía sentirla…
Todo es diferente en el estado líquido. Los pesos, las percepciones, los deslizamientos.
Yo me encontraba en otro mundo y ya no oía a mis hermanos que me llamaban desde el muelle.
El reflejo de unas rosadas nubes en el agua, me permitían ver el cielo. El agua, relajada, sólo se perturbaba con el oxígeno exhalado por mi respiración.
Yo era una parte del río y él una extensión mía. Sentí que lentamente el agua tomaba mis manos, me invitaba a conocer más allá. Deslicé mis pies pausadamente hasta que dejaron de tocar el fondo y simplemente me dejé llevar.
Cuando quise darme cuenta mi cuerpo ya no respondía y me encontraba flotando en el medio del canal.
En mi cabeza sentía los frágiles latidos de mi corazón, cada vez más lejanos.
Quise conocer en profundidad y dejé que mi boca se llenara de agua. Pronto logré mi cometido y cada vez más pesada comencé a hundirme.
Me sumergía entre sensaciones y pensamientos. Hasta que mi rodilla tocó fondo.
El cansancio me invadió inmortal y me dispuse a descansar.
Allí dejé mi cuerpo, sobre el barro esta vez más compacto. Y cerré mis párpados para comenzar a viajar…
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