3.02.2008

Sin tener conciencia del por qué, mi cuerpo temblaba. Respiraba agitadamente, el calor me agobiaba, mis manos transpiraban. Mi mente se encontraba en un agujero inexistente. Desde el estomago a la boca me recorría un vacío extraño, la sensación de que algo me faltaba.

Mi piel se estremecía entre el húmedo calor y olas de frío que me atacaban sin previo aviso. No me atrevía a abrir los ojos, ni a pronunciar palabra alguna. Disfrutaba de sobrevivir en una realidad paralela.

Era un universo mágico pero ajeno a mi persona, me invitaba a conocer más, pero yo no estaba segura de querer hacerlo, no tenía la certera convicción de saberme preparada.

La propuesta estaba vigente, pero nada me obligaba.

Tanto la rotación como la traslación del planeta parecían haberse detenido y, a la vez, mi cuerpo creía flotar.

Como si hubiera caído de un edificio, en mi mente comenzaron a funcionar los engranajes. Abrí mis ojos precipitadamente y la oscuridad me invadió.

Confundida me vi enredada en las sábanas, me encontré sobre mi cama abrazada a la almohada.

Mi cuerpo parecía seguir desprendiendo sudor y la sensación de quedarme sin aire no se desvanecía, por lo que me acomodé, la abracé más fuerte y cerrando mis párpados me dispuse a seguir soñando, agotada por la fiebre, transpirando entre las sábanas.

Albi...

No hay comentarios:


"A La Naturaleza se la domina obedeciéndola"
Francis Bacon