Y es que estoy dividido en mil partes. Vos no te imaginas lo que me costó monarquizar a todos estos cachos que soy yo, pero que no me pertenecen cuando me pongo a pensar en lo que era cuando nací y en lo que soy ahora.Me acuerdo cuantas vueltas daba en ese coso con forma de cañón, que giraba y giraba como un lavarropas y nadie se animaba a meter mano, porque ahí sí, agarrate Catalina, Enzo y Arquímedes: terminas sin la mitad del brazo y con el hombro envuelto hasta el codo, tu extremidad por ese entonces.
Chorreando caí en la tierra, en el descampado; de chiquito y de día me acariciaban con palas. De noche me iba haciendo molde.¡Podía ver las estrellas!¡Claro que podía verlas! El hecho de que no sea humano no me impide admirarlas.
Así, me maravillé todo un verano, hasta que…
Hasta que pusieron el techo y empezaron las clases en la “Sede Fonseca” de la Facultad de Bellas Artes. Ya no me acarician, me pisan. Ya no soy casi negro, ni el azul por el cual algún daltónico me distinguiría. Soy gris, soy marrón, insípido, menos opaco, menos lujoso. Mejor no hablar de brillos.
Mi superficie, que antes era de 40x 15m, hoy por hoy es incalculable. Soy manchas por todas partes. A veces hasta soy un hueco por donde no entra aire.
No quiero ser un tímido zócalo que nunca alcanza a ser pared total.¡Quiero ser una baldosa!¿Por qué me dejaron en cemento?
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