esa sensación de cálido vacío que baja y sube como un diafragma estrujando cierto ente inexistente que se contorsiona y se revuelve encarcelando a toda terminación o comienzo empujándolos a la acción pero manteniéndolos inmóviles con una carga de energía incalculable acumulada en la yema de los dedos en los poros de cada luz conteniendo el impulso dejando volar la química y la física un pensamiento unido con el otro luchan y respiran mientras los ojos se dan vuelta se ven miran no perciben nada a su alrededor y encuentran un iglú de energía consonante que los acompañan en esa sensación de cálido vacío que respira
Resultó ser que después de años y años de quietud, los hombrecitos, las señoritas, las vacas y las líneas de los carteles señalizadores se revelaron y como primer método de protesta, decidieron cambiar sus puestos. Ahora el baño de hombres sería de vacas, en el de damas estaría prohibido doblar a la izquierda, y algunos hasta se atreven a contar que los tenedores que indican restaurantes persiguen a sus cuchillos a no más de 70 km/h.
Todo se volvió muy confuso, y los vaemas, seres conformistas por plus/ultra/naturaleza, intentaron acomodarse a esta rebelión, pero los rebeldes, no podían entender como no se les ocurrió antes, cambiar de esta forma las permisiones cotidianas, y por ende, se propusieron ser más y movieron las autopistas y los caminos de lugar.
Es así que ahora existen los subtes mineros, las vías traspasan edificios, y en este preciso segundo instante transito yo una ruta que apunta las nubes pero nunca llega tan alto...
Todaslasnoches de mi viday todaslas vidas de mi noche.
5.02.2010
Oscura interconección, cerrada sensación, necesidad de salir. Creciente oposición, celos y posesión sentidos, requisito de atención, pensamientos negativos hacia ello. Este quiere huir, aquél no puede. Intentando abrir, cierra y cierra.
A veces el comienzo de un juego te deja preso en su propio sistema.
Y si la noche no fuera tan de noche, es posible que no tengamos que esperarla y llegue a nosotros durante el día. Quizá hasta ni necesitemos electricidad ni sus correspondientes aparatos. Esclavizan el alma y adelantan el tiempo sin pensar en responsabilidades o consecuencias. Y si no hubiera oscuridad, las luciérnagas serían invisibles, eso extrañaría, pero... Esa quizás fuera nuestra noche. Nuestra. Fue así que me puse a pensar si te amaría sin la noche...y me di cuenta de que sin la noche tendría más tiempo; para estar juntos el resto del día.
Hoy lo hice.
Desde hacía tiempo lo venía pensando.
Pero hoy, por fin, me decidí.
Me paré en el borde del cordón de la vereda de aquella calle transitada; estiré el brazo, con la mano también extendida, formando una línea recta y ocultando el dedo más gordo debajo de los demás; y con la mirada en el objetivo esperé.
Bajé el brazo y mi mano se tomó de un caño, colocándose mi cuerpo a la izquierda de dicha mano; mi pie más hábil se elevó y se afirmó en lo que fue el primer escalón; el otro de mis dos pies calcó la maniobra hacia la superior superficie; una vez más lo hizo el pie primero, para ya acomodarse en un piso plano.
Firme, mis ojos pasearon posándose, instante tras instante, en aquellos otros ojos ajenos que se aparecían.
Mi mente se divirtió creando la historia personal de cada par de pupilas. Pero de pronto, una voz a mi lado me preguntó secamente: -¿Cuánto?
Mi cabeza giró lentamente hacia él, y con el rostro tan pasivo como es posible, y con una sonrisa desplegada entre los cachetes, mi boca, independiente, contestó muy amable: -¡Esta es mi parada!
Paso a paso, con un ritmo tardo, crucé la pasarela recortada por asientos oscuros; ante la mirada curiosa de todos aquellos iris, por mí, ya conocidos. Y con dos ojos clavados a mi cuerpo a través del espejo.
Llegué a un caño vertical, del que mi mano derecha se tomó, y la izquierda presionó un botón, de entre naranja y negro; de todas maneras la puerta se encontraba todavía abierta, ya que en la misma parada en la que yo subí, otros habían bajado, como ahora yo.
Levanté la vista y la mano, saludé al chofer con un "hasta luego", y bajé cada escalón, con una seguidilla de cabezas vueltas hacia mi persona. Acto seguido posé ambos pies en el borde del cordón de la vereda de aquella calle transitada.
El micro tardó en reaccionar pero, momentito después, prosiguió su trayectoria.
Y yo, yo, dejé que todas las historias inventadas quedaran, y volaran, con la brisa que me hacía invisible.